Una historia
El día que Sídney recibió la antorcha olímpica equivocada
En noviembre de 1956 Australia se preparaba para inaugurar los Juegos Olímpicos de Melbourne.
Como manda la tradición, la llama olímpica recorría el país rumbo al estadio y, a su paso por Sídney, unas 30.000 personas esperaban en las calles para verla pasar.
También la esperaba el alcalde de la ciudad, Pat Hills, que debía recibir solemnemente la antorcha y pronunciar un discurso.
Pero un grupo de estudiantes de la Universidad de Sídney tenía otros planes.
Decidieron fabricar su propia antorcha olímpica.
Los materiales elegidos estuvieron a la altura de semejante acontecimiento internacional:
una pata de silla, una lata vacía de pudding, pintura plateada y unos calzoncillos empapados en querosén.
Pintaron la pata de silla, clavaron la lata en un extremo, metieron dentro los calzoncillos, les prendieron fuego y pusieron en marcha el operativo.
Habían elegido a uno de los estudiantes para hacerse pasar por el atleta encargado del relevo. Salió corriendo con la falsa antorcha, pero agitó tanto los brazos que los calzoncillos incendiados salieron volando de la lata.
El falso atleta entró en pánico y abandonó la misión.
Entonces apareció Barry Larkin, estudiante de veterinaria, que ni siquiera debía participar como corredor y estaba vestido con pantalones grises, camisa y corbata.
Uno de sus compañeros recuperó los calzoncillos, volvió a meterlos en la lata y mandó a Larkin a correr.
Y Larkin corrió.
Tan convincentemente que la policía, creyendo que era el verdadero portador de la llama olímpica, le abrió paso entre la multitud y lo escoltó hasta el Ayuntamiento.
Allí lo esperaba el alcalde.
Larkin subió las escalinatas y le entregó solemnemente la antorcha.
Pat Hills la tomó y, sorprendido porque el corredor había llegado antes de lo previsto, comenzó inmediatamente su discurso de bienvenida.
No advirtió que tenía entre las manos una pata de silla recién pintada, una lata de pudding y los restos humeantes de unos calzoncillos.
Mientras el alcalde hablaba, Barry Larkin se mezcló tranquilamente entre la multitud y desapareció.
Unos minutos más tarde llegó la verdadera llama olímpica.
Para entonces Barry Larkin ya estaba tranquilamente arriba de un tranvía, camino de regreso a la universidad.
Pero la historia de la falsa antorcha olímpica todavía no había terminado. Larkin debía presentarse el dia siguiente a un examen, ¡Y salio desaprobado!
¿Y qué tiene que ver todo esto con esta fiesta?
Pasó en 1956.
Definitivamente, fue un año en el que había gente dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de dejar una historia para contar 70 años después.