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Una historia

El hombre que todos conocían pero nadie sabía quién era

En 1956 comenzó a aparecer en las carreras de Speedway de Bahía Blanca un personaje bastante particular.

Se hacía llamar Diablo Negro.

Y hacía honor al nombre.

Campera negra, pantalón negro, botas y guantes negros. Un casco negro cruzado por tres tiras blancas, gafas y un pañuelo que le cubría el rostro.

Nunca salía de boxes sin estar completamente caracterizado y evitaba que lo fotografiaran con la cara descubierta.

El público conocía al Diablo Negro.

Lo veía correr, lo alentaba y hablaba de él.

Pero nadie sabía quién era.

Lo curioso es que al hombre que estaba debajo de aquel disfraz probablemente lo habían visto muchas veces.

Se llamaba Peter William Francis Moore, tenía 25 años y trabajaba para la Municipalidad de Bahía Blanca como encargado del mantenimiento de los semáforos.

Durante el día recorría las calles de la ciudad en una camioneta municipal, reparándolos.

Estaba literalmente a la vista de todo el mundo.

Además era conocido en el ambiente deportivo. Había sido uno de los pioneros del rugby bahiense, jugador de Pingüinos y árbitro.

Pero había un pequeño problema.

Su familia no quería saber absolutamente nada con que corriera en moto.

Peter encontró una solución:

correr igual y no contárselo.

Para conseguirlo creó al Diablo Negro.

Y el disfraz funcionó tan bien que durante un tiempo ni siquiera sus propios compañeros de rugby sabían que Peter Moore y aquel misterioso piloto eran la misma persona.

Podían cruzárselo durante el día trabajando en un semáforo, compartir con él una cancha de rugby y después ir a la Pista Roja a ver correr al Diablo Negro...

sin sospechar que habían estado viendo al mismo hombre todo el tiempo.

Con los años el secreto terminó descubriéndose.

Pero para entonces ya era demasiado tarde.

Peter Moore podía mostrar finalmente la cara.

El Diablo Negro ya era una leyenda.